¿Cuáles son los beneficios del colecho?

beneficios del colecho

En los últimos años, tanto los expertos como los propios padres están apostando por recuperar los valores de una crianza más natural. La lactancia materna, el porteo o el colecho son hábitos que habían sido casi descartados por la sociedad moderna, llegando incluso a ser considerados costumbres atrasadas.

Sin embargo, los estudios y la práctica han demostrado que esas “costumbres” – llevadas a cabo desde tiempos remotos- no han perdido ni un ápice de valor y siguen siendo altamente beneficiosas para los bebés y para sus padres.

Todos a la cama

Antiguamente, era muy común que toda la familia compartiera el mismo espacio para dormir, que las madres durmieran con sus bebés o que varios hermanos durmieran juntos en una cama. Sin embargo, con el progreso, se generalizó la idea de que era mejor que cada persona tuviera su propia cama e incluso su cuarto independiente. Esto llegó también a los recién nacidos, que pasaron a dormir en una cuna al lado de su madre o, tras apenas unos meses, en una habitación contigua.

Parecía que así, los bebés se acostumbrarían antes a dormir la noche completa y los padres podrían recuperar su intimidad. Esto les funcionó a algunas familias, sin embargo, muchas otras pronto se dieron cuenta que los pequeños lloraban con mayor frecuencia (al notar que estaban solos), se despertaban más a menudo (por lo que había que levantarse muchas veces para atenderlos) y estaban más intranquilos. Así que, finalmente, los niños acababan durmiendo en la cama de papá y mamá. Como resultado, ha surgido una corriente que aboga por el colecho como la forma más natural y saludable de dormir. El equipo de Vidacord ha analizado cuáles son las principales ventajas del colecho:

Mayor bienestar nocturno

Los bebés se sienten más seguros y protegidos al notar la presencia y el contacto de sus padres. Además, esto les ayuda a regular la temperatura corporal (especialmente en invierno), lo que hace que se despierten menos y su sueño sea de mayor calidad. Por otra parte, los bebés que duermen junto a sus madres sincronizan sus ciclos de sueño con ellas y, según numerosos estudios, esto reduce el riesgo de muerte súbita del lactante.

Facilita la lactancia

Para una madre lactante es infinitamente más cómodo tener a su bebé a su lado, así puede amamantarle tantas veces como sea necesario durante la noche. Es cierto que al estar tan cerca, el bebé sentirá en más ocasiones las ganas de mamar, pero también las tomas serán más cortas. Cuando vaya creciendo, él solo se acercará al pecho y mamará, prácticamente sin que la madre se despierte. Esto, unido a que la misma acción de amamantar favorece el sueño, harán que la madre descanse mejor, a pesar de los frecuentes despertares.

Refuerza la conexión entre padres e hijos

En ocasiones, los padres pasan largas horas sin ver a sus hijos, por eso, al compartir las horas nocturnas en el mismo espacio, se incrementa el apego y el vínculo emocional y se mejora la relación paterno-filial.

 

No obstante, es importante observar las recomendaciones de asociaciones como la OMS, Unicef o la AEP y practicar un colecho seguro: evitarlo si los padres son fumadores o han tomado drogas, bebidas alcohólicas, somníferos y/o medicación que alteren el nivel de conciencia, acostar al bebé boca arriba, colocarlo de forma que no pueda caer de la cama, no abrigarlo en exceso…

Para este cometido, son aconsejables las cunas de colecho, que se fijan a la cama y permiten al bebé estar pegado a su madre, pero conservando su propio espacio. Tienen las ventajas del colecho tradicional, pero evitan algunos de sus inconvenientes, como la posibilidad de que el pequeño se vea apretujado entre sus progenitores, o que se sitúe cruzado de tal manera en la cama que apenas deje espacio a sus padres.

Practicándolo de forma segura, los efectos positivos del colecho os favorecerán durante años, tanto a vosotros como a vuestros bebés.

Qué hemos aprendido tras las primeras Navidades con un bebé

Qué hemos aprendido tras las primeras Navidades con un bebé

La llegada de un bebé transforma a las familias, que se reúnen en torno al nuevo miembro y vuelven a festejar con alegría e ilusión las fiestas navideñas. Las primeras Navidades son muy especiales para los niños: los abuelos los cogen en brazos, los tíos les cantan villancicos, los primos tratan de ponerles un gorrito de Papá Noel y alguno, incluso…, ¡intentará que prueben el turrón!

Sin embargo, las fiestas navideñas también pueden ser ruidosas, estresantes, excesivas…, y poner a prueba hasta al bebé más tranquilo. Por eso, si no queréis que vuestro dulce angelito se convierta en un inquieto y llorón diablillo hay que ser muy consciente de que los bebes tienen su propio ritmo y requieren un entorno tranquilo y unas rutinas básicas. Los profesionales de Vidacord han preparado enumerado los errores más habituales que se cometen en la primera Navidad de los bebés.

Pensar que el bebé se adaptará rápidamente a los cambios

Si os pasa a vosotros, que cuando dormís una noche fuera de casa extrañáis la cama y os desvela cualquier ruido, imaginaros un bebé de unos pocos meses que, además de sentirse fuera de su entorno, está rodeado de personas casi desconocidas que se empeñan en achucharlo…

Para que pueda seguir sus rutinas y estar lo más cómodo posible, lo mejor es celebrar alguno de los eventos en casa, pero con una “comida a la canasta”. Consiste en que cada invitado lleve un plato diferente, así vosotros solo os ocupáis de preparar la mesa y poner las bebidas. Cuando la celebración se hace en otra casa, podéis llevaros un cuco o una cuna de viaje y el vigilabebés y preparar una zona tranquila para que vuestro pequeño pueda descansar alejado del barullo familiar.

Horarios trastocados

En estas reuniones, la hora de empezar a comer siempre se retrasa, pero esto no debe afectar a vuestro pequeño, que ha de seguir sus rutinas alimenticias y de sueño. Si le hacéis esperar para comer o le acostáis más tarde, estará irritable y alterado y tardará un par de días en volver a su ritmo habitual. No pasa nada porque no llegue despierto al momento de las uvas, os aseguramos que no lo recordará.

Familiares amorosos

Sabemos que un bebé es un imán para los abrazos y los besos, pero puede llegar a sentirse molesto ante tanta familiaridad. Como padres, tenéis la responsabilidad de rescatarlo sutilmente y de llevarlo a un lugar tranquilo, si veis que se remueve incomodo o que llora ante el exceso de atención.

Un recuerdo para siempre

En estos tiempos en los que todos los dispositivos llevan una cámara integrada y hasta el bisabuelo tiene móvil, es obvio que habréis tomado centenares de fotos. Sin embargo, a veces, con el jaleo de la celebración, la cantidad de gente, la mala iluminación…, las imágenes resultan no ser muy buenas. Así que, es más recomendable adelantarse y realizar una sesión profesional.

Es mejor que, unos días antes, vistáis a vuestro bebé con sus mejores galas y lo llevéis a un fotógrafo de confianza que se tomará su tiempo para conseguir unas fotos cuidadas y preciosas. Os aseguramos que recordar a vuestro bebé tal y como era en sus primeras Navidades, es un regalo para toda la vida.

Desmontando los falsos mitos del embarazo

Mitos sobre el embarazo

“¿Estas embarazada? Pues ahora tienes que comer por dos”

“Uy, qué tripa más puntiaguda, seguro que es un niño”

“Si ya estás fuera de cuentas, seguro que te pones de parto mañana, que hay luna llena”

 “Que mala cara tienes, eso es que viene una niña”

Estas son algunas de las sentencias que escucharéis durante el embarazo de la boca de familiares, amigas o vecinas. Todos las hemos oído alguna vez, ya que proceden de la sabiduría popular pero no tienen ninguna base científica que las avale y algunos de los consejos pueden llegar a ser negativos para la madre o para el bebé. El equipo de Vidacord ha recopilado y rebatido las supersticiones más habituales:

Se puede conocer el sexo del bebé observando signos externos

La única forma de saber si será niño o niña es mediante una ecografía o realizando un análisis de sangre. El resto de supuestas pruebas tradicionales, como la forma de la barriga o el aspecto del rostro de la madre no pueden tomarse como indicadores del sexo del bebé.

Asimismo, tampoco debéis fiaros del calendario chino que circula por Internet, de la prueba de las sillas (si la embarazada se sienta en la silla que esconde el cuchillo tendrá un niño, si se sienta en la que oculta las tijeras, será una niña) o de la del péndulo (si gira en redondo será niño, si lo hace en línea será niña)

Hay que ingerir más cantidad de alimentos

Este extendido consejo puede llegar a ser perjudicial. No solamente no es cierto que tengáis que comer el doble, sino que dicha sobrealimentación puede afectar a vuestra salud –favoreciendo la aparición de dolencias como la diabetes gestacional o la hipertensión- y a la de vuestro hijo, incrementando el riesgo de muerte fetal y duplicando las posibilidades de que el bebé desarrolle espina bífida.

Es importante que mantengáis una alimentación sana y equilibrada. Un aumento de entre 350 y 450 calorías diarias durante el segundo y tercer trimestre, es lo recomendado para cubrir las necesidades energéticas de la embarazada y del feto.

Las fases lunares influyen sobre el parto

Durante muchos años se creyó que la Luna tenía una influencia directa sobre el momento del alumbramiento, se decía que las noches de luna llena aumentaba el número de partos. Sin embargo, existen diversos estudios que desmontan esta teoría. El realizado por María Soledad Saiz, matrona del Hospital Príncipe de Asturias, concluye que ninguna fase lunar aumenta el número de partos y el promovido por el Centro de Educación para la Salud en Carolina del Norte, descarta cualquier influencia predecible del ciclo lunar sobre los partos o sus complicaciones.

Así que ya sabéis, no os dejéis convencer por las supersticiones que se dan en torno al embarazo. Confiad siempre en el criterio de vuestro médico y en la fiabilidad de la Ciencia.

Los avances científicos han hecho posible, por ejemplo, que podáis conservar la sangre del cordón umbilical de vuestro hijo para su posible uso en el tratamiento de diversas enfermedades. Eso no es un mito, sino una realidad.