¿El parto y la recuperación son más fáciles tras un segundo embarazo?

Madre con bebé en brazos y su hija de 3 años

Eso es lo que os dice todo el mundo, que en los partos posteriores al primero todo es más sencillo, porque vuestro cuerpo ya ha pasado por todo ese proceso y además contáis con algo sumamente valioso que no teníais la primera vez: la experiencia.

Aunque cada mujer, cada cuerpo y cada embarazo es diferente, lo cierto es que los estudios demuestran que, a partir del segundo parto, el tiempo de dilatación se reduce y el expulsivo es más fácil y rápido.

Esto tiene una explicación fisiológica. Durante el primer parto, los músculos y los tejidos se estiran mucho para permitir al bebé pasar por el canal del parto. Aunque suelen volver a su sitio, nunca quedarán igual que antes de la gestación. Por eso, tras un segundo embarazo el canal resultará más amplio y flexible, por lo que ese proceso será menos doloroso.

Respecto al expulsivo, además de contar con un canal del parto más espacioso, soléis estar más tranquilas y ya sabéis cómo actuar y cómo empujar, así que los pujos son más efectivos y, por extensión, menos numerosos.

¿Y tras el parto?

Una de las secuelas que suelen ser menos molestas después del segundo parto es la de la episiotomía. En muchos casos, ni siquiera es necesario practicarla porque la vulva se extiende más que en el primer parto, y cuando se realiza, sigue la cicatriz de la anterior, suele ser más pequeña y, por lo tanto, la incisión se cura más rápidamente.

Entre dos y cuatro días después del parto, puede aparecer lo que la Sociedad Española de Medicina General define como tristezas de la maternidad o depresión posparto leve. Es un trastorno transitorio de adaptación a la nueva situación que habitualmente desaparece a las pocas semanas.

Las propias circunstancias del postparto –grandes cambios corporales, falta de sueño, cambio total del estilo de vida…- son las que justifican su aparición. Pero tras el primero, ya os enfrentasteis a todas esas dificultades, sois conscientes de que son temporales y además os sentís más seguras de vosotras mismas y con la experiencia necesaria para superarlas, por eso es menos probable que desarrolléis esta leve depresión.

Sin embargo, no todo será un camino de rosas, porque ahora tendréis que recuperaros y cuidar de vuestro recién nacido sin desatender al hermano mayor. Tendréis menos tiempo para descansar y, después, para dedicaros a recuperar la línea, pero también contaréis con una mayor ayuda por parte de vuestra pareja, que mostrará más habilidad y menos miedo a la hora de encargarse del bebé.

Lo que se mantiene igual tanto en el primer como en el segundo parto es la posibilidad de conservar la sangre y/o del tejido del cordón umbilical de vuestros hijos mediante un proceso cómodo y sencillo.

¿Cuándo es imprescindible una cesárea?

Mujer mostrando la cicatriz de su cesárea

Si antiguamente se decía que los bebés llegaban al mundo gracias a la cigüeña, hoy en día, la situación ha cambiado mucho, ya que casi uno de cada cinco niños (21%) nace por cesárea. La cesárea supera ampliamente la tasa ideal recomendada por la Organización Mundial de la Salud, que se situaría entre el 10% y el 15% de los partos.

En España, la situación es aún más llamativa, ya que -según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística- en 2015, uno de cada cuatro bebés nació por cesárea (26,66%)

La técnica de la cesárea es un procedimiento sanitario que reduce complicaciones graves y salva miles de vidas, pero el problema surge cuando se generaliza su uso en casos en los que no resulta médicamente necesario. Por este motivo, la OMS ha publicado una guía con la que pretende reducir el número de cesáreas innecesarias, apostando por un parto menos intervenido y donde tengan un mayor peso las decisiones de la madre.

Hace años, una vez que una mujer daba a luz por cesárea, se sabía que los siguientes partos también serían así. El motivo era que la cesárea se practicaba mediante una incisión vertical que atravesaba las fibras musculares del útero, actualmente el corte es horizontal y sigue el recorrido de las fibras, por lo que el útero conserva su integridad y podría soportar las contracciones de otro posible parto. Por ese motivo, hoy en día, se favorecen los partos vaginales después de cesáreas, siempre que las condiciones de la madre y del bebé lo permitan.

Entonces ¿en qué situaciones son realmente imprescindibles las cesáreas? En principio, la cesárea puede ser necesaria cuando el parto vaginal suponga un riesgo para la madre o para el niño y este concepto abarca varias situaciones:

  • Si la madre sufre una patología previa, como por ejemplo una enfermedad del corazón.
  • Si el bebé viene demasiado grande o si la pelvis de la madre es demasiado pequeña.
  • Si en el momento del trabajo del parto, el niño no se presenta en la posición correcta. En vez de eso se suele colocar atravesado o en posición podálica.
  • Si la placenta está situada en la salida del útero (placenta previa) o si ocurre un desprendimiento.
  • Si se interrumpe el parto de forma imprevisible e inesperada.
  • Si el bebé da señales de sufrimiento agudo como, por ejemplo, cuando el cordón umbilical cae a través del cérvix abierto en la vagina por delante del bebé y queda atrapado contra su cuerpo (prolapso del cordón)

En condiciones normales, lo ideal es que el parto sea lo menos intervenido posible, pero si se dan alguna de las situaciones descritas, los médicos aconsejarán la realización de una cesárea. Afortunadamente, actualmente se están implementando muchas medidas para humanizar los partos por cesárea -permitir la presencia de un acompañante, fomentar el contacto “piel con piel” …- y minimizar sus inconvenientes.

No obstante, aunque el parto sea por cesárea, también es posible realizar la recogida de la sangre del cordón umbilical para su criopreservación y su posible utilización en un futuro*.

El protocolo es el mismo que en un parto vaginal: avisar previamente al equipo médico, llevar el dispositivo de recogida y la documentación, extracción de la muestra en el momento del parto, avisar al laboratorio para que lo recojan, recepción y verificación de la muestra y criopreservación individualizada.

 

*«La extracción de SCU no estará indicada cuando a juicio del responsable último del parto, se presente cualquier circunstancia que altere la salud materna y/o fetal durante el parto o se entienda que la extracción de la sangre puede interferir en la atención adecuada a la madre o al recién nacido («Limitaciones del procedimiento de extracción» del PNSCU).»

¿Mi bebé ha nacido sano? primeras pruebas médicas

Bebe Sano

Tras meses de espera y un parto agotador por fin ha nacido y descansa en tus brazos. Mientras lo observas con amor piensas: ¿estará bien? ¿estará sano? No te preocupes, los profesionales sanitarios que te han atendido se van a encargar de hacerle una serie de pruebas para comprobar que tu bebé está perfectamente y no necesita cuidados médicos adicionales.

En los primeros momentos tras el nacimiento el bebé debe estar piel con piel con su madre, por eso, se le hacen varias pruebas allí mismo, sin necesidad de separarlos:

El test de Apgar

Es un reconocimiento no invasivo que analiza cinco aspectos de la salud del bebé: su coloración (que debe ser rosada), su frecuencia cardíaca (más de 100 latidos por minuto), su tono muscular (flexión de las extremidades), sus reflejos (debe reaccionar ante un ligero pellizco o una palmada) y su respiración (que llore y respire sin problemas) Se hace al minuto de nacer y se repite cinco minutos después.

Pinzamiento del cordón y extracción de sangre

Tras cortar el cordón umbilical, se toman dos muestras de sangre para llevar a cabo dos análisis imprescindibles para el recién nacido: precisar el grupo sanguíneo y el Rh y examinar los gases y el pH (necesario para saber el grado de oxigenación al nacer)

Este es también el momento para extraer la sangre y el tejido del cordón umbilical si los padres han decidido conservar las células madre de su hijo. Para ello se utilizará un dispositivo especial de recogida que mantendrá las muestras hasta que sean enviadas al banco de sangre de cordón y posteriormente congeladas.

A partir de 48 horas después del parto, mientras la mamá y el pequeño se recuperan antes de recibir el alta, se le efectuarán estos exámenes al recién nacido:

Otoemisiones acústicas

Es un test que permite diagnosticar hipoacusia o sordera en las fases más tempranas. Consiste en poner una reducida sonda en el oído externo del bebé y emitir un sonido. Ante este estímulo, el oído interno (cóclea o caracol) genera una serie de ruidos (otoemisiones) que son registradas en un monitor. Si no se detectaran esos ruidos podría ser un indicativo de sordera, pero sería necesario realizar más pruebas para confirmarlo.

Prueba del talón

Con la extracción de una gota de sangre del talón del bebé pueden diagnosticarse hasta 24 enfermedades congénitas endocrinas y metabólicas. Posteriormente, la muestra se analiza en un laboratorio centralizado de cada comunidad autónoma y los padres reciben los resultados en casa pasados unos 20 días.

Gracias a estas pruebas los médicos descartarán que tu pequeño padezca alguna enfermedad o podrán detectarla de manera muy precoz y así tratarla con mayor efectividad y minimizar sus efectos.