Falsos mitos sobre la lactancia materna

Los beneficios de la lactancia materna están ampliamente demostrados. Cada día aparecen estudios que resaltan nuevas bondades tanto para las madres como para los bebés. Sin embargo, existen muchos falsos mitos acerca de la lactancia materna, creencias arraigadas que se van transmitiendo y que crean inseguridades en las madres primerizas. Cuando una mujer da a luz, su entorno, especialmente el femenino, se vuelca para ofrecerle consejos bienintencionados acerca de la maternidad y la lactancia, pero en muchas ocasiones, en vez de ayudar, pueden generar confusión.

Si has decidido amamantar a tu bebé y tienes dudas, acudir al pediatra, a grupos de apoyo a la lactancia o informarte con libros como “Un regalo para toda la vida” del pediatra Carlos González, te ayudará a desmontar falsos mitos como estos:

Quizá no puedas dar el pecho porque no tengas leche

La ausencia de leche materna se llama hipogalactia y es un trastorno que afecta a un número escaso de mujeres (menos de una de cada mil), causado por factores como el hipotiroidismo o cirugías mamarias previas. La gran mayoría de mujeres son absolutamente capaces de alimentar a sus bebes con su leche materna. Es una capacidad innata que parte de nuestra propia naturaleza femenina y animal: somos mamíferos, no lo olvidemos.

No todas las leches maternas son iguales, las hay mejores y peores

Todos hemos oído a alguna madre comentar que abandonó la lactancia porque no tenía suficiente leche o porque esta no “era buena”.  Algunas decían que era “demasiado líquida o transparente” pero valorar la leche materna en términos visuales no tiene sentido, las apariencias engañan.

La naturaleza es sabia y miles de años de evolución han conseguido que leche más adecuada que un niño puede tomar es la que produce su propia madre porque está fabricada, a medida para él, en cada momento, dependiendo de sus necesidades.

Resulta increíble pero está demostrado que tanto la cantidad de leche producida como su composición varían en función de la forma de mamar del bebé. El tiempo que pase mamando, el periodo que transcurre entre las tomas y el hecho de tomar de un solo pecho o de los dos influyen sobre la cantidad y la concentración de nutrientes de la leche (ese es el motivo de que al principio de la toma la leche parezca menos espesa). Por eso fundamental ser flexible y que las tomas sean realmente “a demanda”: cuando el niño quiera y el tiempo que necesite.

Las tomas deben ser cada tres horas, si te pide más es porque tu leche no le alimenta

La regulación de horarios para dar el pecho es algo que comenzó a aplicarse en el siglo XX en los países occidentales. A lo largo de los siglos y en el resto de países del mundo jamás ha empleado un criterio semejante y lo cierto es que, desde el punto de vista fisiológico, no tiene sentido hacerlo así o ¿acaso los animales miran el reloj para amamantar a sus crías?

La finalidad es alimentar al bebe cuando tenga hambre, independientemente que hayan pasado 15 minutos u hora y media desde la última toma.

Si ya tiene un año deberías quitarle el pecho, es demasiado mayor para seguir mamando

Durante toda la historia de la Humanidad, la lactancia materna ha sido lo habitual hasta los 2-3 años. Fue en el siglo XX, en los países industrializados cuando se extendió el destete prematuro de los bebés, debido a la generalización de las leches artificiales y a los cambios en la sociedad.

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja mantener la leche materna como complemento a la alimentación sólida hasta los dos años de vida. Sin embargo, según un estudio publicado en la Revista Española de Salud Pública la media de destete se sitúa en los 6,4 meses.

Entre los principales motivos para suspender la lactancia el primero sería de carácter organizativo “como la dificultad para combinar la lactancia materna con la actividad laboral” (43%), pero llama la atención que el segundo motivo alegado sea “dar el pecho en lugares públicos” (39%) Y es que todavía en la actualidad, las mujeres que amamantan se encuentran en muchos casos con la incomprensión de algunas personas que las miran mal o incluso las recriminan cuando amamantan a sus hijos en lugares públicos. Esto se acentúa cuando se trata de niños mayores de un año. Lamentablemente es un prejuicio basado en el desconocimiento ya que los beneficios tanto para la madre como para el niño son innumerables.

Así que ya sabes, si deseas tener una lactancia satisfactoria huye de falsos mitos y de consejos sin fundamento e infórmate adecuadamente, pero sobre todo confía en ti misma: ¡Tú eres capaz de hacerlo, supermamá!

Rehabilitación de suelo pélvico, un esencial durante y tras el parto

La rehabilitación de suelo pélvico es la rama de la fisioterapia encargada de fortalecer el periné, un esencial para toda mujer embarazada y que acaba de parir. ¿No te suena de nada esta zona de tu cuerpo? No te preocupes, no eres la única; nosotros te explicamos todos los detalles sobre este tema.

Musculatura de la parte baja del abdomen

El suelo pélvico, también conocido como periné, está formado por los músculos que se sitúan en la parte inferior del abdomen. A modo de comparativa, es como una especie de tela muy flexible que va de extremo a extremo de la pelvis y que actúa de apoyo para el recto, la vagina, el útero y la vejiga.

La elasticidad de esta musculatura permite a la zona adaptarse a todo tipo de circunstancias, como incrementos o pérdidas de peso, o para acoger al feto en un embarazo. Gracias a esta capacidad, los órganos internos ya nombrados se mantienen en su sitio y no se producen alteraciones en el tracto urinario o fecal, ni se producen dolores o disfunciones en las relaciones sexuales.

Claves para identificar los problemas de suelo pélvico

El periné es una zona del cuerpo que necesita cuidarse y mantenerse firme, en especial en el caso de las mujeres que van a ser madres o lo han sido ya, ya que un embarazo debilita mucho la musculatura por todos los cambios que esta experimenta (extra de peso que impacta de forma directa en la zona, cambios hormonales, lesiones del tejido en el parto, etc.).

Esta debilidad se puede identificar con relativa facilidad, ya que sus síntomas son muy visibles y, en la gran mayoría de las ocasiones, incómodos de experimentar en el día a día. Los más habituales son: incontinencia o urgencia urinaria, la incontinencia fecal o de gases, estreñimiento severo, disfunción sexual (como vaginismo o disfunción eréctil, dependiendo del sexo de la persona) o dolor constante en la zona baja del abdomen.

‘Si eso me pasa a mí, ¿qué hago?’

Si sufres cualquiera de estos síntomas, tranquila, es mucho más que habitual. Lo importante es que prestes atención a tu cuerpo y que no te vergüenza admitir tus síntomas; actuar desde el minuto uno te ayudará a recuperarte antes, no lo olvides.

Ve a tu médico de cabecera y explícale lo que ocurre. La rehabilitación de suelo pélvico ya está incluida en la seguridad social, por lo que en ese sentido tampoco tendrás nada qué preocuparte.

Esta rehabilitación varía dependiendo de las afecciones que descubra el médico en la exploración pertinente, pero todos los ejercicios tienen el objetivo de que la persona se dé cuenta que esos músculos existen y hay que cuidarlos para que todo vaya bien.

Contracciones voluntarias, ejercicios de empuje al ritmo de la respiración o aprender a controlar el abdomen en la inhalación y expulsión son algunas de las técnicas más habituales. Este tipo de movimientos se pueden realizar tanto en periodo de gestación como tras ella, siempre siguiendo las indicaciones del especialista, por lo que no hay ninguna razón para que los incorpores a tu día a día.

¿Has tenido problemas de suelo pélvico? ¿Conocías estos músculos o es la primera vez que oyes hablar de ellos? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!

Herencia genética, el ADN que determina cómo eres (o casi)

La herencia genética son las características fisiológicas, morfológicas o bioquímicas que los padres transmiten a los hijos en el proceso de fecundación y gestación del embrión. Este material genético contiene la información básica de cómo será el niño: su color de ojos, de pelo, capacidades físicas, enfermedades de nacimiento e incluso comportamiento.

Frases como “eres clavadito a tu padre”, “has sacado el carácter de tu madre” o “tu hermano y tú tenéis la misma nariz” no son meros dichos, sino que son una realidad. Si quieres conocer un poco más sobre la herencia genética, te contamos todo lo que debes saber para no estar perdido cuando se hable del tema.

ADN combinado de los progenitores

Una persona recibe material genético de su madre y de su padre. Este material se organiza en genes, un segmento del ADN que tiene la información de la característica o función que te representa, como el color de pelo, la predisposición al estrés o la probabilidad de ser miope, entre otras cosas.

De cada gen hay dos copias, también llamadas alelos, una procedente de cada progenitor. En el caso de que estos alelos tengan algún error o mutación genética, los padres pueden transmitirles a los hijos enfermedades genéticas que pueden desarrollarse o no, dependiendo de diversos factores o condicionantes.

Existen varios tipos o patrones de herencia genética: autosómica dominante, en la que un alelo domina sobre el otro y, de estar mutado, hay un 50% de posibilidades de que la enfermedad se transmita a la descendencia; autosómica recesiva, en la que el alelo normal domina sobre el mutado y, en caso de que los progenitores sean ambos portadores de la mutación, los hijos tienen un 50% de posibilidades de ser también portadores y un 25% de padecer la enfermedad; y la herencia ligada al cromosoma X, que puede ser dominante o recesiva y en la que la mutación se encuentra en dicho cromosoma.

¿La herencia genética lo es todo?

La herencia genética es la base de quiénes somos, pero no todo lo que nos conforma. Aunque el ADN de los padres esté presente en los hijos, hay otros factores que también influyen en cómo es alguien. Esto es lo que nos hace únicos.

El entorno, las personas que nos rodean, el ambiente (si se vive en una gran ciudad contaminada o en medio del campo, por ejemplo), la educación u otros muchos aspectos influyen a la hora de darnos forma.

Los rasgos físicos pueden ser derivados de los padres, al igual que el comportamiento, pero la influencia nuestro alrededor también determina cómo somos.